Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?​
​

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.

Con hilos de oro
la muerte
no se echa de el sillón

El señor ha dado, el Señor ha quitado.

Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.

Todo al mismo tiempo, dijo Mozart, que un día oyó la composición de un solo trazo. Los que se van, somos el águila que sobrevuela al monolito.

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?​
​

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.

Con hilos de oro
la muerte
no se echa de el sillón

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

El señor ha dado, el Señor ha quitado.

Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.

Un brillo sutil entre los jazmines. Una palabra,
su textura.

Todo al mismo tiempo, dijo Mozart, que un día oyó la composición de un solo trazo. Los que se van, somos el águila que sobrevuela al monolito.

"¿Y cómo desde ahí, desde ese borde, ese grito contenido, desde esa despeñada infancia se extiende un reino?"

¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.

Malgaste. Velar lo velado. ¿Quién o qué se ocupa de lo que no se reveló?

Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?​
​

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.

Con hilos de oro
la muerte
no se echa de el sillón

a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.

Un brillo sutil entre los jazmines. Una palabra,
su textura.

"¿Y cómo desde ahí, desde ese borde, ese grito contenido, desde esa despeñada infancia se extiende un reino?"

Malgaste. Velar lo velado. ¿Quién o qué se ocupa de lo que no se reveló?

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

El señor ha dado, el Señor ha quitado.

Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.

Todo al mismo tiempo, dijo Mozart, que un día oyó la composición de un solo trazo. Los que se van, somos el águila que sobrevuela al monolito.

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.

Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?​
​

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.

Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.

El señor ha dado, el Señor ha quitado.

Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?​
​

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.

Con hilos de oro
la muerte
no se echa de el sillón

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

Un brillo sutil entre los jazmines. Una palabra,
su textura.

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.

"¿Y cómo desde ahí, desde ese borde, ese grito contenido, desde esa despeñada infancia se extiende un reino?"

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?​
​

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.

El señor ha dado, el Señor ha quitado.

Con hilos de oro
la muerte
no se echa de el sillón

Un brillo sutil entre los jazmines. Una palabra,
su textura.

"¿Y cómo desde ahí, desde ese borde, ese grito contenido, desde esa despeñada infancia se extiende un reino?"

Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.

Sara Camhaji

visualizar la voz del pensamiento.
pensar la imagen de la voz.
provocar al destino. jugar.
desde el azar, desde el suspiro.
entender la fuerza que enlaza
la imagen al nombre.
el nombre es una imagen.
la imagen es un verbo.
juega. nada es casualidad.
destino es juego.
todo es destino.
—

Este sitio es parte del proyecto"NO TOMES FOTOS DEL PAISAJE, TOMA RETRATOS, Y SI QUIERES, PON UNA VISTA DE FONDO", cuyo objeto creativo circunda el fenómeno de la memoria y su visualización conceptual. Así, Sara explora los diferentes lenguajes sobre los que la mente recarga su verdad y la forma en que construye nuestro mundo interior.
Acerca de
SARA CAMHAJI (Ciudad de México, 1986) es escritora, docente y mamá. Su trabajo es respuesta natural de las cosas que ha vivido y las dimensiones emocionales por las que, durante su vida, ha habitado. Narra y escribe desde que existe. La poesía —eje estructural de su búsqueda— ha generado en ella el desarrollo de nuevas formas discursivas, cuya cercanía con la realidad interior humana resultan encarnantes y muy apropiables por desgarradoras. Tiene una maestría en creación literaria, dos hijos y dos publicaciones liberadas; Maleza (Alboroto Ediciones, 2022) y el presente título. Algunos de sus poemas se han publicado en el periódico de poesía de la UNAM. Becaria en el 2017 por Asylum Arts y ganadora de la residencia artística The Peleh Fund en Berkeley, California para 2023. ¿Poesía narrada, narrativa poética? Sara escribe desde la voz de un archivo con vida propia, como el pensamiento de una máquina del tiempo, o desde la oscura sinceridad de quien no-sabía-que-tenía-que-vivir.
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