Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
Se les paga con memoria, moneda inestable de cada día.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
Aún conservo la cicatriz de esa burbuja en la parte posterior de mi muñeca.
desde un mismo brazo de la balanza
sacian la niñez con fábulas de fuentes.
No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.
Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
Con hilos de oro
la muerte
no se echa de el sillón
Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.
Se les paga con memoria, moneda inestable de cada día.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Aún conservo la cicatriz de esa burbuja en la parte posterior de mi muñeca.
desde un mismo brazo de la balanza
sacian la niñez con fábulas de fuentes.
Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
Anhelabas ser como ella, relinchar en la tormenta, cruzar a nado los mares del continente.
Con hilos de oro
la muerte
no se echa de el sillón
una ciudad subterránea
un corazón con muralla
un escenario en cúpulas de bronce.
“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.
[se vuelve real cuando lo pronuncian]
Hallaron rodillas que los acogieron y los mismos pechos los amamantaron, aunque él come del plato de lentejas y lo que ha de comerse sin sal.
Sola
Entre peldaños de mármol
tiritas en la sala
y asumes lo irreversible:
Sorbía
tragaba
lamía
fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.
Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.
Se les paga con memoria, moneda inestable de cada día.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.
Aún conservo la cicatriz de esa burbuja en la parte posterior de mi muñeca.
Anhelabas ser como ella, relinchar en la tormenta, cruzar a nado los mares del continente.
una ciudad subterránea
un corazón con muralla
un escenario en cúpulas de bronce.
[se vuelve real cuando lo pronuncian]
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
Con hilos de oro
la muerte
no se echa de el sillón
Sorbía
tragaba
lamía
fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.
Hallaron rodillas que los acogieron y los mismos pechos los amamantaron, aunque él come del plato de lentejas y lo que ha de comerse sin sal.
Sola
Entre peldaños de mármol
tiritas en la sala
y asumes lo irreversible:
Se les paga con memoria, moneda inestable de cada día.
Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
Aún conservo la cicatriz de esa burbuja en la parte posterior de mi muñeca.
No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
Se les paga con memoria, moneda inestable de cada día.
Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
Anhelabas ser como ella, relinchar en la tormenta, cruzar a nado los mares del continente.
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Aún conservo la cicatriz de esa burbuja en la parte posterior de mi muñeca.
una ciudad subterránea
un corazón con muralla
un escenario en cúpulas de bronce.
Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
Aún conservo la cicatriz de esa burbuja en la parte posterior de mi muñeca.
Se les paga con memoria, moneda inestable de cada día.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.
a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.
Anhelabas ser como ella, relinchar en la tormenta, cruzar a nado los mares del continente.
una ciudad subterránea
un corazón con muralla
un escenario en cúpulas de bronce.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
visualizar la voz del pensamiento.
pensar la imagen de la voz.
provocar al destino. jugar.
desde el azar, desde el suspiro.
entender la fuerza que enlaza
la imagen al nombre.
el nombre es una imagen.
la imagen es un verbo.
juega. nada es casualidad.
destino es juego.
todo es destino.
—