“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

Te confió ser tu verdadera madre, pero por ser demasiado joven entregó a su hermana mayor tu crianza. En su versión, al menos tu padre sí es el mismo.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

no es un juego. Será la última vez que nos dejen pasar tarde.

Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.

Hace poco viste crecer en su tumba una planta silvestre.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

INFANCIA ES OTRA COSA

Modelo del habla
Minucia

Se les paga con memoria, moneda inestable de cada día.

Un minuto de silencio

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Te confió ser tu verdadera madre, pero por ser demasiado joven entregó a su hermana mayor tu crianza. En su versión, al menos tu padre sí es el mismo.

no es un juego. Será la última vez que nos dejen pasar tarde.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

INFANCIA ES OTRA COSA

Modelo del habla
Minucia

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.

Hace poco viste crecer en su tumba una planta silvestre.

Se les paga con memoria, moneda inestable de cada día.

Un minuto de silencio

Decir yo. Sin creerlo. Desapareces por completo.

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

una ciudad subterránea
un corazón con muralla
un escenario en cúpulas de bronce.

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

Pero te reconocen,
Eres el violín de todas las canciones,
escuchas palmadas de oro desde el camerino.

Anhelabas ser como ella, relinchar en la tormenta, cruzar a nado los mares del continente.

Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

no es un juego. Será la última vez que nos dejen pasar tarde.

“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

INFANCIA ES OTRA COSA

Modelo del habla
Minucia

Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.

Decir yo. Sin creerlo. Desapareces por completo.

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

Te confió ser tu verdadera madre, pero por ser demasiado joven entregó a su hermana mayor tu crianza. En su versión, al menos tu padre sí es el mismo.

Se les paga con memoria, moneda inestable de cada día.

Un minuto de silencio

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

una ciudad subterránea
un corazón con muralla
un escenario en cúpulas de bronce.

Pero te reconocen,
Eres el violín de todas las canciones,
escuchas palmadas de oro desde el camerino.

Anhelabas ser como ella, relinchar en la tormenta, cruzar a nado los mares del continente.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

no es un juego. Será la última vez que nos dejen pasar tarde.

“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

Se les paga con memoria, moneda inestable de cada día.

Un minuto de silencio

Te confió ser tu verdadera madre, pero por ser demasiado joven entregó a su hermana mayor tu crianza. En su versión, al menos tu padre sí es el mismo.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

no es un juego. Será la última vez que nos dejen pasar tarde.

“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

INFANCIA ES OTRA COSA

Modelo del habla
Minucia

Te confió ser tu verdadera madre, pero por ser demasiado joven entregó a su hermana mayor tu crianza. En su versión, al menos tu padre sí es el mismo.

Decir yo. Sin creerlo. Desapareces por completo.

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.

“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

Te confió ser tu verdadera madre, pero por ser demasiado joven entregó a su hermana mayor tu crianza. En su versión, al menos tu padre sí es el mismo.

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.

Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.

no es un juego. Será la última vez que nos dejen pasar tarde.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

Se les paga con memoria, moneda inestable de cada día.

INFANCIA ES OTRA COSA

Modelo del habla
Minucia

Decir yo. Sin creerlo. Desapareces por completo.

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

Un minuto de silencio

Sara Camhaji

visualizar la voz del pensamiento.
pensar la imagen de la voz.
provocar al destino. jugar.
desde el azar, desde el suspiro.
entender la fuerza que enlaza
la imagen al nombre.
el nombre es una imagen.
la imagen es un verbo.
juega. nada es casualidad.
destino es juego.
todo es destino.
—

Este sitio es parte del proyecto"NO TOMES FOTOS DEL PAISAJE, TOMA RETRATOS, Y SI QUIERES, PON UNA VISTA DE FONDO", cuyo objeto creativo circunda el fenómeno de la memoria y su visualización conceptual. Así, Sara explora los diferentes lenguajes sobre los que la mente recarga su verdad y la forma en que construye nuestro mundo interior.
Acerca de
SARA CAMHAJI (Ciudad de México, 1986) es escritora, docente y mamá. Su trabajo es respuesta natural de las cosas que ha vivido y las dimensiones emocionales por las que, durante su vida, ha habitado. Narra y escribe desde que existe. La poesía —eje estructural de su búsqueda— ha generado en ella el desarrollo de nuevas formas discursivas, cuya cercanía con la realidad interior humana resultan encarnantes y muy apropiables por desgarradoras. Tiene una maestría en creación literaria, dos hijos y dos publicaciones liberadas; Maleza (Alboroto Ediciones, 2022) y el presente título. Algunos de sus poemas se han publicado en el periódico de poesía de la UNAM. Becaria en el 2017 por Asylum Arts y ganadora de la residencia artística The Peleh Fund en Berkeley, California para 2023. ¿Poesía narrada, narrativa poética? Sara escribe desde la voz de un archivo con vida propia, como el pensamiento de una máquina del tiempo, o desde la oscura sinceridad de quien no-sabía-que-tenía-que-vivir.
© W// - Do Everything online™