¿Te vas a casar?
Sí
¿Cuándo?
Pronto
¿Con quién?
Conmigo
¿Quién eres?
Papá
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?
Yo no doy
le pido
como el señor
el que ha quitado
el señor ha quitado.
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.
Te confió ser tu verdadera madre, pero por ser demasiado joven entregó a su hermana mayor tu crianza. En su versión, al menos tu padre sí es el mismo.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
Pero te reconocen,
Eres el violín de todas las canciones,
escuchas palmadas de oro desde el camerino.
Hallaron rodillas que los acogieron y los mismos pechos los amamantaron, aunque él come del plato de lentejas y lo que ha de comerse sin sal.
Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.
Sorbía
tragaba
lamía
fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.
¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
¿Te vas a casar?
Sí
¿Cuándo?
Pronto
¿Con quién?
Conmigo
¿Quién eres?
Papá
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
Pero te reconocen,
Eres el violín de todas las canciones,
escuchas palmadas de oro desde el camerino.
Yo no doy
le pido
como el señor
el que ha quitado
el señor ha quitado.
Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.
Te confió ser tu verdadera madre, pero por ser demasiado joven entregó a su hermana mayor tu crianza. En su versión, al menos tu padre sí es el mismo.
Hallaron rodillas que los acogieron y los mismos pechos los amamantaron, aunque él come del plato de lentejas y lo que ha de comerse sin sal.
Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
Sorbía
tragaba
lamía
fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.
Un brillo sutil entre los jazmines. Una palabra,
su textura.
desde un mismo brazo de la balanza
sacian la niñez con fábulas de fuentes.
“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
Sola
Entre peldaños de mármol
tiritas en la sala
y asumes lo irreversible:
No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
¿Te vas a casar?
Sí
¿Cuándo?
Pronto
¿Con quién?
Conmigo
¿Quién eres?
Papá
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
Pero te reconocen,
Eres el violín de todas las canciones,
escuchas palmadas de oro desde el camerino.
Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
Un brillo sutil entre los jazmines. Una palabra,
su textura.
“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
Hallaron rodillas que los acogieron y los mismos pechos los amamantaron, aunque él come del plato de lentejas y lo que ha de comerse sin sal.
Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.
Sorbía
tragaba
lamía
fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.
No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
Yo no doy
le pido
como el señor
el que ha quitado
el señor ha quitado.
desde un mismo brazo de la balanza
sacian la niñez con fábulas de fuentes.
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
Sola
Entre peldaños de mármol
tiritas en la sala
y asumes lo irreversible:
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
¿Te vas a casar?
Sí
¿Cuándo?
Pronto
¿Con quién?
Conmigo
¿Quién eres?
Papá
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
Hallaron rodillas que los acogieron y los mismos pechos los amamantaron, aunque él come del plato de lentejas y lo que ha de comerse sin sal.
Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
¿Te vas a casar?
Sí
¿Cuándo?
Pronto
¿Con quién?
Conmigo
¿Quién eres?
Papá
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
Pero te reconocen,
Eres el violín de todas las canciones,
escuchas palmadas de oro desde el camerino.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
Yo no doy
le pido
como el señor
el que ha quitado
el señor ha quitado.
Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.
Un brillo sutil entre los jazmines. Una palabra,
su textura.
¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?
¿Te vas a casar?
Sí
¿Cuándo?
Pronto
¿Con quién?
Conmigo
¿Quién eres?
Papá
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
Hallaron rodillas que los acogieron y los mismos pechos los amamantaron, aunque él come del plato de lentejas y lo que ha de comerse sin sal.
Pero te reconocen,
Eres el violín de todas las canciones,
escuchas palmadas de oro desde el camerino.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
Un brillo sutil entre los jazmines. Una palabra,
su textura.
Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.
visualizar la voz del pensamiento.
pensar la imagen de la voz.
provocar al destino. jugar.
desde el azar, desde el suspiro.
entender la fuerza que enlaza
la imagen al nombre.
el nombre es una imagen.
la imagen es un verbo.
juega. nada es casualidad.
destino es juego.
todo es destino.
—