Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

[se vuelve real cuando lo pronuncian]

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

Yo no doy
le pido
como el señor

el que ha quitado
el señor ha quitado.

Muerte no contiene a los fantasmas, de los vivos.

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Decir yo. Sin creerlo. Desapareces por completo.

Anhelabas ser como ella, relinchar en la tormenta, cruzar a nado los mares del continente.

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?

¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Muerte no contiene a los fantasmas, de los vivos.

[se vuelve real cuando lo pronuncian]

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

Yo no doy
le pido
como el señor

el que ha quitado
el señor ha quitado.

Decir yo. Sin creerlo. Desapareces por completo.

Anhelabas ser como ella, relinchar en la tormenta, cruzar a nado los mares del continente.

¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?

¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

Un minuto de silencio

no es un juego. Será la última vez que nos dejen pasar tarde.

Aún conservo la cicatriz de esa burbuja en la parte posterior de mi muñeca.

Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.

"¿Y cómo desde ahí, desde ese borde, ese grito contenido, desde esa despeñada infancia se extiende un reino?"

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Muerte no contiene a los fantasmas, de los vivos.

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

Decir yo. Sin creerlo. Desapareces por completo.

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

Un minuto de silencio

Aún conservo la cicatriz de esa burbuja en la parte posterior de mi muñeca.

[se vuelve real cuando lo pronuncian]

¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?

¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

Yo no doy
le pido
como el señor

el que ha quitado
el señor ha quitado.

no es un juego. Será la última vez que nos dejen pasar tarde.

Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.

"¿Y cómo desde ahí, desde ese borde, ese grito contenido, desde esa despeñada infancia se extiende un reino?"

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Muerte no contiene a los fantasmas, de los vivos.

Decir yo. Sin creerlo. Desapareces por completo.

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?

¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.

[se vuelve real cuando lo pronuncian]

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Muerte no contiene a los fantasmas, de los vivos.

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

[se vuelve real cuando lo pronuncian]

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

Yo no doy
le pido
como el señor

el que ha quitado
el señor ha quitado.

Decir yo. Sin creerlo. Desapareces por completo.

Un minuto de silencio

Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

[se vuelve real cuando lo pronuncian]

Muerte no contiene a los fantasmas, de los vivos.

Decir yo. Sin creerlo. Desapareces por completo.

Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Ya sin el vestuario,
abandonas ese y todos tus diplomas
detrás de bambalinas.

¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?

Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

Un minuto de silencio

¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.

Sara Camhaji

visualizar la voz del pensamiento.
pensar la imagen de la voz.
provocar al destino. jugar.
desde el azar, desde el suspiro.
entender la fuerza que enlaza
la imagen al nombre.
el nombre es una imagen.
la imagen es un verbo.
juega. nada es casualidad.
destino es juego.
todo es destino.

Este sitio es parte del proyecto"NO TOMES FOTOS DEL PAISAJE, TOMA RETRATOS, Y SI QUIERES, PON UNA VISTA DE FONDO", cuyo objeto creativo circunda el fenómeno de la memoria y su visualización conceptual. Así, Sara explora los diferentes lenguajes sobre los que la mente recarga su verdad y la forma en que construye nuestro mundo interior.
Acerca de
SARA CAMHAJI (Ciudad de México, 1986) es escritora, docente y mamá. Su trabajo es respuesta natural de las cosas que ha vivido y las dimensiones emocionales por las que, durante su vida, ha habitado. Narra y escribe desde que existe. La poesía —eje estructural de su búsqueda— ha generado en ella el desarrollo de nuevas formas discursivas, cuya cercanía con la realidad interior humana resultan encarnantes y muy apropiables por desgarradoras. Tiene una maestría en creación literaria, dos hijos y dos publicaciones liberadas; Maleza (Alboroto Ediciones, 2022) y el presente título. Algunos de sus poemas se han publicado en el periódico de poesía de la UNAM. Becaria en el 2017 por Asylum Arts y ganadora de la residencia artística The Peleh Fund en Berkeley, California para 2023. ¿Poesía narrada, narrativa poética? Sara escribe desde la voz de un archivo con vida propia, como el pensamiento de una máquina del tiempo, o desde la oscura sinceridad de quien no-sabía-que-tenía-que-vivir.
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